Un día, hace ya unos cuantos veranos, nada más comprarme mi telescopio, estaba yo en mi casa intentando alinear el cacharro con la estrella polar, cuando de repente, mirando a través de él, pasó como una sombra. Quizá se podría decir al revés, porque estaba un poco iluminado desde abajo por las luces de Yepes o no sé por qué, pero el contraste era de algo más claro sobre el negro del cielo de noche.
El caso es que rápidamente aparté la vista del objetivo del telescopio y miré al cielo y allí estaban. Eran como 3 pájaros o como 3 formas triangulares volando en V en dirección sur, a velocidad constante y bastante deprisa, sin turbulencia alguna, un vuelo constante, recto y veloz. Tan veloz que rápidamente quedaron fuera de mi vista, por encima de mi casa. Así que corrí hacia otra ventana orientada al sur para ver qué era eso. Solo pude ver más de lo que he descrito ya. ¿Qué era aquello?
Otro caso para Iker Jiménez...
De nuevo en un lugar de la mancha...
sábado, 27 de febrero de 2010
¿Os acordáis cuando me helé?
Así es como empieza a veces mi tío Julián, cuando se junta con sus hermanos (uno de ellos mi abuelo) y quiere recordar esta historia, un tanto graciosa, pero que vista de otro modo podría haber acabado mal.
Pues resulta que un día de invierno, volviendo del campo con un frío muy intenso, subieron al más pequeño de todos los hermanos al borrico que tenían para transportar las cosas (ya contaré las múltiples historias de ese borrico, que era muy listo).
Por aquel entonces las prendas de abrigo ya sabemos cuales eran... algunos jerseys de lana, camisas, unas alpargatas para los pies... esto con suerte de que no tuviesen ningún agujero. En general pasaban bastante frío y trabajando, ya desde muy pequeños (8 años o menos casi siempre), pues lo pasaban un poco mal, siempre con sabañones,...
Pues eso, que montaron al pequeño Julián en el burro y salieron en dirección a Yepes, a su casa. Sus hermanos, delante no repararon en el estado de mi tío Julián y cuando llegaron a casa salió mi bisabuela a recibirles y su expresión fue algo parecido a:
El pobrecillo, sentado en el burro, se quedó helado de frío. Ni siquiera podía hablar. Él, muy obediente, se sentó en el burro y no se movió, ni siquiera rechistó. Lo bajaron del burro como pudieron y tenía el cuerpo tan engarrotado, que con la misma postura del burro lo sentaron en una silla dentro de casa.
Mi bisabuela atizó el fuego y preparó agua caliente. Por lo visto tuvieron que estar un buen rato dándole friegas hasta que entró en calor y "se resucitó".
Pues resulta que un día de invierno, volviendo del campo con un frío muy intenso, subieron al más pequeño de todos los hermanos al borrico que tenían para transportar las cosas (ya contaré las múltiples historias de ese borrico, que era muy listo).
Por aquel entonces las prendas de abrigo ya sabemos cuales eran... algunos jerseys de lana, camisas, unas alpargatas para los pies... esto con suerte de que no tuviesen ningún agujero. En general pasaban bastante frío y trabajando, ya desde muy pequeños (8 años o menos casi siempre), pues lo pasaban un poco mal, siempre con sabañones,...
Pues eso, que montaron al pequeño Julián en el burro y salieron en dirección a Yepes, a su casa. Sus hermanos, delante no repararon en el estado de mi tío Julián y cuando llegaron a casa salió mi bisabuela a recibirles y su expresión fue algo parecido a:
¡¿Pero hermoso?! ¿Pero qué me traéis aquí? ¿No habéis visto como viene?
El pobrecillo, sentado en el burro, se quedó helado de frío. Ni siquiera podía hablar. Él, muy obediente, se sentó en el burro y no se movió, ni siquiera rechistó. Lo bajaron del burro como pudieron y tenía el cuerpo tan engarrotado, que con la misma postura del burro lo sentaron en una silla dentro de casa.
Mi bisabuela atizó el fuego y preparó agua caliente. Por lo visto tuvieron que estar un buen rato dándole friegas hasta que entró en calor y "se resucitó".
domingo, 21 de febrero de 2010
La cebra que no se sentía cebra
Un pez con complejo de humano puede no sentirse pez si cree ser un humano porque es lo único que ha visto, aunque dudo que esto pueda ocurrir con un pez por no tener suficiente cerebro. A menudo se cree que esto pasa con los gatos, que sí que tienen suficiente cerebro. O con un pato o un pollo que si al nacer ve como primer ser un humano cree que es su madre y ya se sentirá como un humano, hijo de un humano
¿Qué pasa cuando una cebra no se siente cebra? Estas son muy inteligentes.
Si de repente el león deja de ser león, la cebra deja de ser cebra. Lo único que hará la cebra será pastar por la sabana, mirar al cielo porque no se sentirá acosada y no tendrá al león detrás para comérsela. El sentido de su existencia desde el punto de vista ecológico deja de tener sentido.Unas veces porque el león está indispuesto (no es culpa del león), otras veces porque el león está dormido, otras veces porque está ocupado, otras veces porque está cansado, otras veces por despiste,...
El caso es que la cebra deja de sentirse cebra y se siente como un no sé qué, que no sabe qué hacer, que no sabe por qué seguir teniendo rayas si no la sirven para lo que deben servir. Como una cebra inmadura, que no ha visto la realidad al estar protegida por la manada y por lo tanto tiene que seguir actuando como "una cebra adolescente", a pesar de ser adulta.Para la sabana el león sigue siendo un león y la cebra una cebra. Dos realidades paralelas que conviven.
miércoles, 17 de febrero de 2010
El tio Picalcobas
Esta historia ya parece que tiene bastante de leyenda, pero en realidad creo que puede ser 100% verdad, tal y como dice mi abuelo.
Resulta que, un antepasado mío (el tío de mi tatarabuelo al que llamaban El tío Manolón), según cuentan mi abuelo y sus hermanos (y en su día mi bisabuela) fue acumulando durante toda su vida su particular riqueza. Ésta consistía en dinero que había cambiado por onzas de oro que fue metiendo en una olla.
Cuando el dichoso tesoro comenzó a alcanzar cierto valor, el tío Manolón optó por esconderlo todo dentro de una pared de las de su casa, haciendo un nicho en el que introducir la olla y después tabicándolo. Así se aseguraba que su riqueza estaría a buen recaudo.
La casa es una casa familiar, donde vivió mi bisabuela con sus padres y hermanos, la misma de la anterior historia. La que hace esquina en la calle Cristo de la luz con la calle Virgen del Pilar, las dos son calles muy estrechas, aunque la segunda lo es aún más, es un pequeño callejón por el que si quieres pasar en coche puede que tengas que recoger los espejos retrovisores.
En la habitación que hay según se entra a la izquierda, la que constituye la esquina de la casa, fue donde se cuenta que estaba escondida la olla con las onzas de oro.
El señor, ya mayor, quiso contar a alguien su secreto, para que no se perdiese cuando él muriera y en quien confió fue en quien pensó que podía confiar... un cura. Fue a la iglesia y lo confesó al cura de entonces con toda confianza y sobretodo mucha inocencia.
Él contó su historia ante Dios, por lo que podía estar tranquilo y con la fortuna a salvo.
Curiosamente desde hace muchos años, la casa familiar de mi bisabuela tiene todas las habitaciones de los mismos dueños (parientes míos), menos una...
No es difícil adivinar qué habitación. La que hace esquina, justamente esa. Y la historia dice que el cura violó eso del secreto de confesión y se lo contó a otro cura. Ese otro compró solamente esa habitación y día y noche picaba las paredes en busca del tesoro escondido hasta que dió con él, lo que le hizo ganarse el apodo de "El tío Picalcobas".
Curioso comprador al que solo le interesa una habitación de todo un edificio. Quizá el cura al que se lo confesaron no quiso hacerlo él mismo, ya que era demasiado evidente y por eso se lo contó a otro para que aquel lo hiciera.
Dicen que cierta familia del pueblo comenzó a tener más riqueza a partir de aquel momento, ya que tenían relación con el susodicho.
Verdad, ficción,... creo que nunca lo sabremos.
Resulta que, un antepasado mío (el tío de mi tatarabuelo al que llamaban El tío Manolón), según cuentan mi abuelo y sus hermanos (y en su día mi bisabuela) fue acumulando durante toda su vida su particular riqueza. Ésta consistía en dinero que había cambiado por onzas de oro que fue metiendo en una olla.
Cuando el dichoso tesoro comenzó a alcanzar cierto valor, el tío Manolón optó por esconderlo todo dentro de una pared de las de su casa, haciendo un nicho en el que introducir la olla y después tabicándolo. Así se aseguraba que su riqueza estaría a buen recaudo.
La casa es una casa familiar, donde vivió mi bisabuela con sus padres y hermanos, la misma de la anterior historia. La que hace esquina en la calle Cristo de la luz con la calle Virgen del Pilar, las dos son calles muy estrechas, aunque la segunda lo es aún más, es un pequeño callejón por el que si quieres pasar en coche puede que tengas que recoger los espejos retrovisores.
En la habitación que hay según se entra a la izquierda, la que constituye la esquina de la casa, fue donde se cuenta que estaba escondida la olla con las onzas de oro.
El señor, ya mayor, quiso contar a alguien su secreto, para que no se perdiese cuando él muriera y en quien confió fue en quien pensó que podía confiar... un cura. Fue a la iglesia y lo confesó al cura de entonces con toda confianza y sobretodo mucha inocencia.
Él contó su historia ante Dios, por lo que podía estar tranquilo y con la fortuna a salvo.
Curiosamente desde hace muchos años, la casa familiar de mi bisabuela tiene todas las habitaciones de los mismos dueños (parientes míos), menos una...
No es difícil adivinar qué habitación. La que hace esquina, justamente esa. Y la historia dice que el cura violó eso del secreto de confesión y se lo contó a otro cura. Ese otro compró solamente esa habitación y día y noche picaba las paredes en busca del tesoro escondido hasta que dió con él, lo que le hizo ganarse el apodo de "El tío Picalcobas".
Curioso comprador al que solo le interesa una habitación de todo un edificio. Quizá el cura al que se lo confesaron no quiso hacerlo él mismo, ya que era demasiado evidente y por eso se lo contó a otro para que aquel lo hiciera.
Dicen que cierta familia del pueblo comenzó a tener más riqueza a partir de aquel momento, ya que tenían relación con el susodicho.
Verdad, ficción,... creo que nunca lo sabremos.
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