De nuevo en un lugar de la mancha...

lunes, 20 de septiembre de 2010

Y fin...

... o al menos suspenso.

Así se quedará este blog, quizá muerto, quizá criogenizado.

Desde mi vuelta de Canadá el 4 de agosto no quería escribir para no soltar pestes de este país principalmente y por otras muchas razones. Estoy muy enfadado.

Después de mucho tiempo sin escribir, creo que casi 2 meses, anuncio que esta será la última entrada del blog, al menos hasta nuevo aviso, si, es que lo hay.

Acabo de leer el reportaje de El País de los jóvenes parados, el titulado: (PRE)PARADOS y como conclusión... se me han puesto los pelos de punta.

No me ha dicho nada nuevo, pero me ha ahondado en mi pesimismo sobre quedarme aquí, en este país. Ahora solo quiero marcharme de aquí, buscar un lugar en el que vea el horizonte. El lugar que más me atrae... del que vengo, Canadá.

Aquí llevo 11 meses sin un empleo, buscando, notando que casi se ríen de mí, que solo quieren aprovecharse de mi formación por 4 duros y siempre te falta un título, siempre te falta inglés, siempre te falta... algo, ni para vendedor de deportivas sirvo? supongo que de donde no hay... no se puede sacar

Supongo que no será ni mucho menos fácil lo de irme, será lo más dificil que haya encontrado en mi vida, pero yo me voy de aquí. No me gusta España, como país, por su gente, porque un país es su gente y si estamos como estamos es porque somos como somos, todos con todos, no busquemos más culpables.

Por si alguien lo quiere leer:
http://www.elpais.com/articulo/reportajes/generacion/busca/plan/B/elpepusocdmg/20100919elpdmgrep_1/Tes

Quizá se transforme mi blog en... En un lugar de Ontario... por ahora, con todo el dolor de mi corazón, quiero abandonar la mancha.

domingo, 1 de agosto de 2010

Vueltas

Dicen que las vueltas marean y ya lo creo que marean. No sé si puedo describir el cúmulo de sensaciones que me invaden y revolotean por mi interior, pero el mareo es serio.


Decían aquello de que algo se muere en el alma cuando... y es cierto. Anoche despedimos a alguien y la sensación que te deja es algo así. Cerca de la 1 de la madrugada, llegas a la estación y ella tiene que seguir en el vagón plateado que tienes que abandonar. Quieres quedar, deseas encontrarte, pero en el fondo sabes que quizá no pueda ser nunca más. Incomprensiblemente, los que cerraban la puerta a toda prisa, esta vez, se tomaron mucho tiempo. Al menos sabemos todos que es solo quizás.


Hoy tocará mucho más de esto y la verdad es que da mucha pena despedirse, son momentos desagradables, es algo que sabíamos desde el principio, pero de lo que nadie habla. Por otro lado, pienso que estos son de esos momentos que te hacen ser más humano cada vez, evolucionar, crecer y valorar a los demás.

Miedos y expectativas se clavan en mi cerebro. La frialdad, la indiferencia, la falta de cariño a veces viaja lejos, sobretodo cuando simplemente no viaja. Pero siento que los miedos no son los de antes, son mucho más pequeños aunque sean los mismos, porque no son ellos los pequeños, sino yo el que es más grande. Antes de comenzar el viaje ya lo sentí así y ahora después del viaje me he reafirmado y lo siento mucho más.

¿Has cambiado? Tengo que probarlo a mi llegada, pero sí, no solo sé más inglés. Aquí se nos ha hecho famosa una frase por alguien que la dijo: "¡Quiero vivir!". Solo espero, que ahora me dejen, porque yo... necesito poco.

¿Te quedarías? La respuesta es sí, claro, si las condiciones son estas casi me traería aquí lo que me falta y me quedaría para siempre. Es verdad que esto no es un mundo de algodón, pero parece más confortable que el otro.

¿Quieres volver? Por supuesto, creo que siempre se quiere volver, hay cosas que ejercen su atracción desde 6000 kilómetros o más, como el centro de la tierra, el centro de mí tierra.

Esto es solo un trozo del camino, un trozo pavimentado y bonito, no creo que el siguiente sea así, pero estoy preparado para lo que sea. Mientras hay camino, hay esperanza.

Eso sí, hay cosas que están aún más claras después del pequeño camino y es que hoy, una vez más, he vuelto a soñar contigo.

sábado, 31 de julio de 2010

Gafe?

1. Una discoteca con skytrackers... no entres
2. Una discoteca con muchos RRPP... no entres
3. Una discoteca con 3 bailarinas en el tejado semidesnudas y aún así sin gente... no entres
4. Una discoteca sin gente en la cola... no entres.
5. Una discoteca en la que hay mas puertas que gente... no entres.
6. Una discoteca en la que un negro gordo empieza a quitar vallas de la cola porque no hay gente... no entres.
7. Una discoteca con más seguratas que gente... no entres.

¿entonces, por qué hemos entrado? Vaya tongazo...

Ya es mala suerte, que para una que mola se necesite entrada anticipada, entremos a otra y parezca Harlem. Vaya alcantarilla... y no por la gente

jueves, 22 de julio de 2010

Como arena entre los dedos

Llegada cierta edad, así es como se nos va la vida, como arena del desierto entre nuestros dedos.

Puedes intentar juntar los dedos para que caiga más despacio pero, aunque sea poca, seguirá cayendo y llegado cierto momento soplará el viento y se terminará por llevar toda la que te quede en las palmas de las manos. Puedes intentar retenerla cerrando las manos, pero te fallarán las fuerzas y no podrás hacerlo.



Durante toda mi vida he tenido la inmensa suerte de disfrutar de mis cuatro abuelos. Todos de la misma edad, nacidos en el mismo año, 1928. Todos han sufrido una guerra sangrienta siendo unos niños, infancias durísimas y los disgustos que te trae la vida de vez en cuando. También han sido muy felices y han gozado viendo a sus hijos y nietos crecer, enseñándonos, mostrándonos la vida.

Ahora, ha llegado el momento en el que la vida se les empieza a escapar. Con 82 años lo que tienen ya no son achaques o dolores de rodilla, a esa edad los problemas son serios. Aunque pueda resumirse en una cosa: vejez.

Durante estos últimos meses que me he quedado sin empleo he podido convivir más con ellos, seguir su evolución vital al día, los problemas personales de cada uno de ellos, su medicación, sus penas, sus miedos,... su vida. Por esto, me considero un privilegiado, gozaré de ellos hasta al final si puedo.

Una de ellas se nos ha escapado, aunque siga aquí su cuerpo. Unos días antes de irme de viaje ya no pudo despedirse de mí. La mirada perdida, la indiferencia en cuanto a un viaje tan largo de un nieto, su inusual inactividad y su inconsciente frialdad en los besos me confirmaron que ella ya no estaba ahí.

La ceguera está apartando de la luz y de nuestro rostro a otra, ahora también la enfermedad y la hospitalización. La responsabilidad extrema de uno de ellos le hace pasar por estados de depresión. El otro, no deja de hacerme sonreir cuando le recuerdo.
Con esto he podido comprobar cómo se les va escapando la arena entre las manos y he comprendido lo irreversible que es el que algún día, cada vez más cercano y sin previo aviso, soplará el viento.

Ese día, estaré triste por despedirme, pero contento, por lo que me han dado, por lo que les he dado y porque tengo la esperanza de volver a verlos.